En el nombre de Manuela

“El que no quiera ver…que se tape los ojos” – dice Manuela a su hermano y sus primos.

La infancia, etapa de la vida caracterizada por la inocencia en actos y pensamientos. ¿Quién no guarda un buen recuerdo de ella?. Los juegos, las amistades y los lugares de los niños, son así, tan pueriles como ellos. Sin embargo, pueriles y todo, no dejan de estar manchados por la sombra del adulto – autoridad – que determina lo que es bueno y lo que no.

¿Comunismo o Conservadurismo? ¿Dios o ateísmo? ¿La realidad o la imaginación? Entre estos contrastes se desarrolla la historia de En el nombre de la hijade la ecuatoriana Tania Hermida. Aquí el conflicto, aunque es ocasionado por los adultos, pertenece a los niños. La paradoja de esta narración se cristaliza en Manuela (Eva Mayu Merchan), una niña de nueve años que a más de “tener nombre de hombre”, quiere ser el papá de la casa y creerle a Marx en vez de a “los curas”.

El filme está adaptado en una época de transición del Ecuador. Pasábamos del banano, al oro negro. Además, las nuevas corrientes del socialismo, comenzaron a hacer revuelvo entre los intelectuales y otros sectores de la población.Había choques de ideas entre los conservadores tradicionalistas y los nuevos comunistas. Los movimientos sociales iban apareciendo y la idea de `hacienda´se quedaba en el baúl de los recuerdos gracias a la Reforma Agraria. Es así que la directora propone esta historia en la que se enfrentan lo tradicional con lo nuevo en un escenario en el que los niños y la imaginación son protagonistas.

Cuando Manuela y su hermano Camilo (Markus Mecham) – llamado así por Camilo Cienfuegos – de padres socialistas, llegan a la casa de sus abuelos conservadores para pasar las vacaciones de verano. Allí los esperan sus primos, deseosos de jugar con ellos. Sin embargo, la “rareza” de los recién llegados producen confrontaciones entre ellos y las costumbres del resto de la familia. A la cabeza de las discusiones está Manuela, que como Don Quijote (de firmes creencias), se apoya en su Sancho: Camilo.

Problema de identidad

Cada secuencia, cada escena y cada plano muestran a una Manuela que siempre está inconforme. Ella tratará de defender con uñas y dientes los ideales de su padre, el socialista, ideales que los ha hecho suyos. Pero todo muro tiene su grieta y la grieta de Manuela aparece al encontrarse con el loco tío Felipe (Pancho Aguirre) – quien también encarna a Jesús en Qué tan lejos, ópera prima de la directora, estrenada en 2006 -. Este descabellado personaje, que “libera palabras”, también libera el yo de Manuela. “¿Quién sois?” – es lo que el tío pregunta y la niña no puede responder. El verse cara a cara y no saber de quien es el reflejo pone en duda la identidad.

Por otra parte, no solo Manuela cambiará de perspectiva, así también lo harán sus primos. Ellos, temerosos, pero curiosos a la vez, le siguen el juego a Manuela.Todo se lleva a cabo dentro del juego y la ingenuidad infantil. Los diálogos tan bien adaptados a los personajes, van dando forma a los discursos de todos los niños. Las peleas no se resuelven con violencia, sino con acusadas. En lugar de quejas, hay leves gemidos y berrinches. La sinceridad de lo que se dice es la característica principal del lenguaje de los niños. Por ello, las risas y los ohhhs son el sonido ambiente de la sala de cine.

Más de 1000 niños se presentaron al casting en Quito, Guayaquil y Gualaceo. Un proceso largo y tedioso, pero necesario al considerar que ellos forman la mayor parte del elenco. A pesar de que hubo algunas leves equivocaciones, la naturalidad de estos “pequeños actores” permite una interacción fluida entre los personajes y la identificación inmediata con los espectadores. Diálogos simples, llenos de un inocente humor (o tal vez no tan inocente) que revelan fragmentos de la idiosincrasia ecuatoriana y las luchas filosóficas a través de los ojos ingenuos de un niño.

El ritmo armónico y un montaje bien logrado hacen que la narración de los acontecimientos no se torne interminable. En cada escena hay una nueva emoción, un nuevo planteamiento, una nueva discusión. No hay aburrimiento. El director de arte, Juan Carlos Acevedo – quien ganó el premio Macondo 2010 a “mejor dirección de arte” por su trabajo en Del amor y otros demonios – es el encargado de crear un ambiente hermoso y casi intemporal a través de la fotografía.

La magia, lo onírico y la fantasía llenan cada cuadro del relato. La realidad es combinada con la imaginación infantil. La fuente que salpica la magia es la mente de Manuela. Los pensamientos, que fluyen dentro de la cabeza de la niña, son los creadores de un universo paralelo en el que los esquemas conservadores, racistas y religiosos son reemplazados por ironías. Los primos, recelosos, se dejan guiar por este tipo de magia. Poco a poco sus tabúes se desvanecen, pero no completamente.

Los grandes, en cambio, se resisten a dejarse llevar por la ficción. Ellos tienen su propio mundo, lleno de “cucos” que asustan a las ideas osadas que propone la protagonista. Es así que, guiados por sus rígidos dogmas, los adultos (principalmente los abuelos) intentan domar la energía renovadora de la niña mediante regaños.

Es ese juego de realidades y de verdades, de contrastes y similitudes que hace que “En el nombre de la hija” sea un filme imperdible e inolvidable.

La directora

Tania Hermida nació en Cuenca. Graduada como cineasta por la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de Los Baños, Cuba; también posee un Master en Estudios Culturales por la Universidad del Azuay. Ha sido profesora en la Universidad San Francisco de Quito y asambleísta por Movimiento País.

Su primera obra, Qué tan lejos, fue un éxito de taquilla en el Ecuador, al presentar su país de manera colorida y llena de humor, en una cinta de auto descubrimiento en carretera. Ganó cuatro premios en el festival Cero Latitud 2006, incluyendo el de “mejor largometraje” y el “Zénith de plata” en el Festival de Montreal, Canadá.

Es guionista y directora, ambas películas son historias originales que explorar los dilemas de la auto definición y la “ecuatorianidad” en lo que es llamado por la misma Hermida como: “comedia triste”. En el nombre de la hija fue rodada en Azuay durante cinco semanas en agosto de 2010 y se estrenó el 14 de septiembre de este año.

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