De corrupción va la cosa

Tras el último informe de Transparencia Internacional y dados los hechos puntuales que circunscriben la actualidad política española, se requieren unas bases para  la fundamentación crítica en la sociedad en su conjunto.

La corrupción no es un fenómeno aislado que se plasme unilateralmente en la “clase” política sino que se encuentra en cualquier estamento o clase social reconocible.La corrupción no es un fenómeno aislado que se plasme unilateralmente en la “clase” política sino que se encuentra en cualquier estamento o clase social reconocible.

Países como China llevan la corrupción injertada en la propia sociedad,convirtiéndose en algo natural. El soborno, la malversación, el caciquismo son  ejemplos de prácticas que vienen siendo habituales y es uno de los problemas que el PCCh y Cui Shaopeng, Secretario de la Comisión Central de Supervisión Disciplinaria del Partido Comunista de China, tratan de corregir.

La corrupción se puede manifestar de diferentes maneras y en diferentes contextos, a saber; corrupción política, corrupción judicial, corrupción policial, etc . No obstante podemos extraer un común denominador, el abuso de poder.

La corrupción política se manifiesta como un abuso de poder por parte de las instituciones políticas con el fin de proporcionar cualquier beneficio ya sea particularmente o a un colectivo. Su ejecución se basa en el abuso del poder mediante un cargo de responsabilidad pública fundamentado en el incumplimiento de las normas jurídicas presentes que facilitan de un modo inherente las desigualdades sociales a largo plazo.

Asimismo debemos contemplar una variable fundamental, la transparencia. La falta de información o el ocultamiento parcial de la misma entre los ciudadanos y la clase política facilita, en buena medida, la aparición de corrupción.

Muchos gobiernos han estado salpicados por la corrupción, siendo esta un cáncer que se extendió al mismo sistema como es el caso de la URSS de Stalin.

Centrándonos en nuestro propio contexto social, la corrupción se convierte en un fuerte factor deslegitimatorio. Una legitimidad, de acuerdo a tipología de Max Weber definimos como racional-legal. Éste tipo de legitimidad se basa en “la creencia en la legalidad de las reglas y en el derecho de los que ocupan posiciones, en virtud de esas reglas, para dar órdenes”.

No obstante la deslegitimización no se atribuye únicamente a aquellos hechos sancionables penalmente. En España la financiación ilegal de los partidos no constituye un delito puesto que no se encuentra tipificado como tal en el código penal.

No obstante la sociedad es crítica con este tipo de prácticas. Según una encuesta elaborada por la Cadena Ser, tras el último debate de la cámara baja donde se buscaban respuestas a la presunta financiación ilegal de Partido Popular así como a la contabilidad B del mismo partido, un 76% de los encuestados considera que el presidente del gobierno no ha dado suficientes explicaciones. ¿Está Mariano Rajoy deslegitimido para ejercer dicho cargo?En el informe de 2012 de Transparencia Internacional donde se aborda la percepción de la corrupción en la ciudadanía, colocan a España en el puesto número 30 de 174 países, encabezando la lista Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelandia y Suecia siendo éstes los países con menor percepción de corrupción entre sus ciudadanos. ¿Está España en una posición objetiva?En el informe de Transparencia Internacional donde se mide la corrupción entre más de 100 países de todo el mundo rebela España es uno de los países donde ha crecido la corrupción.

En cuanto a los partidos políticos, el mismo informe, indica que el Estado español es uno de los 51 países donde los partidos políticos, son de las instituciones donde existe un mayor grado de corrupción. Un dato que a muchos no sorprenderá.

No es casualidad que la corrupción aflore en etapas de crisis económicas. En épocas de crecimiento económico las administraciones públicas seguidas de las propias instituciones son las grandes correas de trasmisión de dinero público, dinero que si no es “filtrado” mediante los mecanismos de transparencia exigibles en cualquier democracia llega a desviarse al cauce de la corrupción.

No es casualidad que España se vea salpicada por la corrupción en los grandes partidos políticos, sea en el grado que sea, puesto que carece, hasta hace unos días de una ley consolidada y eficaz de transparencia. Una ley, debo señalar, que ha sido aprobada únicamente con el voto del Partido Popular.

 

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